Capitulo 1: Libro el Reino. Autora Kassfinol.


Portada May Carvajal
Editorial en Vzla: Negro Sobre Blanco
Publicación Digital: Editorial Editora Digital

SINOPSIS

Es un hecho que en este plano terrenal existen muchos tipos de reinos, seres místicos y de leyendas.

Ángeles, hombres lobo, vampiros, demonios, toda criatura extraterrestre tiene dones que le son propios y lo hacen muy diferente de los seres humanos. Esto lo sabe todo el mundo, lo ves en la televisión e incluso en el cine.

Soy Carolina y estoy a punto de contarte cómo aprendí que yo soy partes iguales de ángeles, hombres lobo, vampiros, demonios, Dios sabe cuántas cosas más y por si esto no fuera suficiente también seré la próxima Reina de los Hijos de la Noche.

Imagino tu cara y me río. No amigos lectores, no he bebido ni una sola gota de alcohol, y todo lo que contaré no tiene una sola mancha de ficción. ¡Ojalá lo fuera! Convertirme en esta nueva Carolina no fue fácil y saber qué se espera de mí tampoco. Sólo quiero que lo sepas, porque NADIE, ni siquiera tú, estas exenta de ser elegida como Hijo de la Noche. 

Sólo ten paciencia, mientras Brian no llegue te contaré mi historia. Espero la disfrutes.

CAPÍTULO 1
Existen dos realidades, la que nosotros vivimos y la que en realidad es

Mi madre siempre me habló de esos seres, pero siempre fui una escéptica, jamás le presté ninguna atención… ¡Pero es que apenas creía en Dios!... pero hoy, eso cambió.

Sé que Dios existe porque lo que vi en el cementerio era maldad pura. Es lógico ¿No? Si existe la maldad, entonces debe ser cierto todo ese cuento de Dios y sus ángeles.

Bueno a decir verdad creo que lo que vi era un animal, aunque no estoy segura, ya que tenía los ojos rojos sangre. No recuerdo que en biología me hayan dicho que hay animales con ese color de ojos. En cuanto me di cuenta que esos ojos extraños me veían, casi muero del susto.

Todo empezó cuando entré al cementerio. Creo que alguien me miró. No le di mucha importancia, ya que en lugares como aquellos hay una que otra persona, visitando a un familiar o amigo muerto y es inevitable que curioseen al ver a alguien caminar.

De repente me sentí como si estuviera a punto de ser cazada, estaba sentada contemplando la tumba de mi madre cuando escuché algo detrás de mí, al voltear me topé con esos ojos, lo primero que pensé fue ¡Oh Dios mío me comerá! Y si esa cosa lo hubiese querido, lo hubiera logrado, pues quedé petrificada por segundos que me parecieron horas. No logré moverme.

—Hola miedosa ¿qué no creías ni en el infierno?
Saludó Jess, mi mejor amiga, detrás de mí, literalmente brinqué y puse mis puños en modo de querer golpear a alguien.

— ¿Qué haces aquí? —Me preguntó. Al ver mi reacción soltó una carcajada, a los segundos entre sus risas me dijo; —¡Oh! yo que pensé que nada te asustaba, ¿Qué será lo que vistes? Te dejó toda susceptible y a punto de hacerte pis en el pantalón.
— ¡Mejor cierra la boca! Debiste al menos anunciarte o hacer algún tipo de ruido.
— Carolina, tengo diez largos y aburridos minutos mirándote, tienes la mirada perdida, pensando en sabrá Dios qué. Dime algo, ¿te conseguiste un fantasma en el cementerio y te absorbió el cerebro? ¿Es por eso que andas así de estúpida?
— Jess, los que chupan los cerebros son los Zombis no los fantasmas— dije en tono burlón haciéndole una mofa.
— Ahhh cierto… cierto… disculpa. Es que de verdad no creo en nada de esas estupideces y es una lástima. Al parecer lo de hoy te ha hecho cambiar de opinión.
— Bueno si no me piensas creer, entonces no sé ni para qué viniste— le dije molesta y mirando hacia la puerta.
— ¿Me estás echando de tu cuarto?
Dijo casi haciendo puchero, logrando que respirara hondo por su insolente dramatismo. ¿Pero qué carajo me pasaba? Aquí estaba pensando en esos horribles ojos y con un estado de ánimo de perros y tenía el valor de tratar mal a mi mejor amiga. — Discúlpame no fue mi intención— le dije cerrando la puerta, no quería que mi padre escuchara, si no se burlaría de mí, ese era peor de escéptico que Jess y yo juntas.
— Ok Carolina, explícame de una buena vez, ¿qué fue lo que te ocurrió?
— Intenta no reírte y te lo cuento todo.
— Vale… vale, confía en mí.
Que ella me dijera eso era un problema. La condenada no desperdiciaba oportunidad para burlarse de todos, así que obviaría ese comentario.
— Fui a la tumba de mi madre como todos los viernes. Desde el primer momento que llegué por alguna extraña razón, empecé a acordarme de todas esas historias que mi madre me contaba cuando era pequeña.
— Sí, esas de vampiros, hombres lobos y fantasmas… si... si… cómo olvidarlo.
Me interrumpió Jess en tono serio, asentí y continué contándole:
— Bueno no le di importancia al momento, pero no lo puedo negar, me sentía extraña, como si me vigilaran muy de cerca.
— Entonces de repente te salió un buenote vampiro tipo Edward Cullen y te rogó que te volvieras su novia vampira— Interrumpió Jess y empezó a reírse.
Le propiné un golpe en el brazo. — Ponte seria mujer, de verdad lo que haya sido me asustó y ahora tengo un problema mayor.
—Si ¿Cuál?— preguntó Jess alzando una ceja y mirándome con sus bonitos ojos azules.
— El próximo viernes tendré que ir de nuevo, a visitar a mamá y tengo mucho miedo de ir.
Jess con media sonrisa me respondió: — Iré contigo si eso te tranquiliza.
— ¡Oh por Dios! y tú ¿qué tienes? ¿Complejo de mujer maravilla? Como si con tu compañía podrías evitar que alguien nos trague vivas.
— Bueno no sé, algo se nos ocurrirá, termina de contar de una buena vez lo que pasó, no caminé cinco cuadras con un frío de los mil demonios, sólo para escuchar que no te chuparon la sangre como a mí me encantaría que me lo hicieran.

La miré con mala cara, puse los ojos en blancos y terminé de contarle rápidamente. Era un hecho que Jess era igual de escéptica que yo antes de este incidente, contárselo a una pared sería igual de productivo que decírselo a ella.
— Bueno nada, me senté al lado de la tumba de mi madre, de repente mi cuerpo se erizó todo, el corazón empezó a palpitarme a mil y olí algo muy dulce. Es contradictorio, pero la cuestión fue que, sea lo que sea, me puso en alerta. Miré a los lados para ver con qué me encontraba y a unas siete u ocho tumbas de mi madre, vi unos ojos color rojos sangre sin iris… sin cuerpo… ¡No sé!… A pesar de que eran las seis de la tarde y que aún había algo de claridad, ese lado del cementerio estaba oscuro, la verdad no te sé explicar con exactitud, lo único que sé, es que se veía diferente.
— ¿Qué hiciste al ver eso?— se acercó diciéndome Jess, sentándose a mi lado, poniéndome una mano en el hombro, entrecerré los ojos esperando algún sarcasmo pero no dijo nada, así que le terminé de contar lo que había pasado.
— Nada, me aterré y creo que por unos minutos me quedé paralizada. Pero de repente mi mente me dijo: ¡corre! y salí corriendo como alma que busca el diablo, miré atrás varias veces y estoy segura que vi detrás de varias tumbas esos ojos, ya sabes hay muchas estatuas de vírgenes y ángeles en ese cementerio, son los suficientemente grandes para ocultar a un humano adulto.
Jess se quedó en silencio por dos largos minutos. No tenía nada más  que contarle. Lo demás ella lo sabía, estaba enterada de que llegué histérica a casa, que me encerré en el cuarto y llamé para que viniera. 
 —Dime algo ¿Qué te dice tu cabecita? ¿Crees que es un humano o un animal?
— Creo que es un animal, ningún humano podría tener esos ojos.
— Bueno caperucita roja… gracias a Dios no te comió esta vez el lobo.
— Eres estúpida— le dije tirándole una almohada.
Jess empezó a reírse y sin vacilación me dijo: — Deja de pensar cosas que no son, mi amiga, lo más seguro es que era un lobo u otro animal.
— Me preocupa la altura en que vi sus ojos, siempre estaba a cierta distancia del suelo algo más alto que nosotras mismas — dije recordando ese detalle.
Jess puso cara pensativa, bajó y subió los hombros entonces me dijo:
— Lo más seguro es que del susto que tenías viste mal, mejor deja de pensar en eso. Y para la próxima, por todos los monstruos de los libros de Anita Blake, no me llames histérica diciéndome que te dará un maldito infarto porque vendré aquí y te golpearé… mira lo que provocaste… salí de mi casa como loca, sin bañarme, histérica porque pensé que no sé… ¡Qué te habían violado! golpeado o qué sé yo… mira la hora, van a ser las nueve de la noche ¿te imaginas que ese animal que vistes me quiera comer a mí cuando vaya de regreso a casa?— esto último lo dijo pestañeando más de la cuenta y con una mano en el corazón, con cara melodramática.
— ¿Te he dicho hoy que te odio?— le pregunté con sarcasmo, pero con una sonrisa en mi rostro.
— Si amada mía como cuatro veces. A ver si te buscas un novio, ya este asuntico de dejar todo botado por ti, empieza a estresarme, necesito a alguien con quien hacer un relevo.
Ambas soltamos una carcajada.
— Bueno como ya sé que estás bien me voy a casa.
Asentí y le di un abrazo.
— ¿Por qué no te quedas a dormir? así cenamos juntas— le dije… pero el otro motivo real de la invitación era que de verdad aún estaba inquieta por lo del cementerio. No quería que se fuera sola a esta hora de la noche, Hasta no saber qué era aquello que andaba rondando por el lugar.
— ¡Hoy paso! dejé a mi madre sola, papá está de guardia trabajando. Además estoy haciendo un trabajo de la universidad, que como sabrás es para mañana y aún no lo termino.
—Entiendo, bueno llámame en cuanto llegues.
Jess se empezó a reír y abriendo la puerta de mi cuarto me dijo:
—Tranquila.  Ojalá me rapte Jacob, el lobito de Crepúsculo… mmm divino ese hombre.
— Estúpida— conteste.
— Bueno él no tiene los ojos rojos como los que tú viste, pero nada que no pueda arreglar unos lentes de contacto, se los coloco y listo serán tan tenebrosos como esos que viste en el cementerio.
— Lárgate de aquí y sólo llámame— le grité mientras ella cerraba la puerta.
Escuché como bajaba las escaleras y papá la despedía. Inmediatamente papá empezó a subir y tocó a mi puerta.
— Está abierto Papá— le respondí mientras me arropaba para dormirme.
— Buenas noches hija. Hasta mañana.
— Gracias Papá, hasta mañana, apaga la luz por favor.
Papá seguidamente apagó la luz y cerró la puerta.
Sin más cerré mis ojos e intenté dormir. 

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