Relato: Fin de mundo frustrado. Kassfinol

Buen día, hoy toca la publicación del relato para Adictos a la escritura, espero entretenerlos un poco y recuerden estoy realizando un sorteo Nacional e Internacional. 


Queridos televidentes, no salgan de sus hogares, resguárdense hasta que las autoridades tengan la forma de contrarrestar esta horrible pandemia. No deje entrar a nadie a sus viviendas, no sabemos a ciencia cierta cómo se produce el contagio, solo sabemos que estas personas tienen un horrible aspecto, son rápidos y que una vez que ven a alguien sano o huelen a un ser vivo, corren hasta alcanzarlos para darle muerte.

Mierda esto no puede estar pasando— pensé, levantándome del sofá para cerrar todas las puertas, correr las cortinas y apagar el televisor. Corrí hacia mi habitación con el corazón a millón, agarré mi escopeta y me asomé por la ventana. Al ver a mi hijo sentado sobre la cama observándome le grité histérico:
— Saca la otra escopeta ¡apúrate! Ya esos bichos vienen. 
— Papá pero es que yo no sé disparar— susurró mi hijo de solo dieciséis años.



— ¡Sácala te dije! Vas a tener que aprender, sino no tendrás oportunidad de vivir— contesté acercándome a la ventana una vez más con cautela para no ser visto. Jamás imaginé que todas las putas historias de zombis pudieran cumplirse. Todo esto es terrible, jamás pensé vivir algo como esto. Hubiese preferido que este acabo de mundo fuera bajo las teorías de los religiosos o de los mayas. ¡Desgraciados! ¿Cómo se pudieron haber equivocado?
—Papá mira— señaló Freddy aterrado sacándome de mis pensamientos. Miré y una manada de zombis caminaba en dirección a la casa. Nos encontrábamos en el 2do piso de nuestra vivienda. Estaba seguro que la puerta no resistiría a esos quince zombis y… ¡maldición! Ahora entendía que había sido una mala idea haber llenado la planta baja de la casa con grandes ventanales.



— Cálmate hijo tenemos suficientes balas para acabar con ellos— respondí sintiendo como mi corazón palpitaba cada vez más rápido, mis manos empezaban a sudar, no podía ocultar que estaba aterrado por la situación.
— Papá ¿acaso no has leído o visto películas de Zombis? Si disparamos el sonido los atraerá. Debemos usar cosas filosas y clavárselas en el cerebro.
— Pero es que son demasiados.
— Debemos ser más rápidos que ellos, es todo papá.
— Dime algo ¿Por qué estás tan tranquilo y relajado?
— No quiero morir, es todo— su respuesta me impresionó, pero me lleno de valentía.
— ¿Qué haremos entonces? — le pregunté.
— Separémoslo por la casa, hagamos que ellos se dispersen una vez que entren. Toma, tengo estos cuchillos muy filosos conmigo— Freddy me pasó un largo cuchillo y él se quedó con una pequeña hacha de cocina.
— Voy a bajar papá, te quiero.
— ¡Hijo no!... ¡espera!— susurré pero no pude detenerlo, Freddy ya bajaba las escaleras, así que corrí detrás de él. A los segundos escuchamos los estruendos de los vidrios al romperse, antes los golpes constantes de los zombis.
En cuanto empezaron a entrar, me moví lejos de Freddy y llamé la atención de esos desagradables muertos. Mi hijo de la forma más natural, clavó el hacha en la cabeza de varios zombis. Por mi parte me defendía como podía. Pero logré asesinar de forma sigilosa una buena cantidad de esos desgraciados.
Cuando ya no quedaba ni uno, dentro de nuestro hogar. Respiré profundo por primera vez desde que había bajado las escaleras. Miré a los lados y no logré ver a Freddy. La última vez que lo había visto, este asesinaba a diestra y siniestra con mucha agilidad.
— Freddy… hijo— lo llamé, al no escuchar respuesta, mi ser se volvió a estresar. Sentía una gran preocupación y angustia.
— Aquí estoy papá— escuché la voz de mi hijo detrás de mí. Me volteé relajado, contento porque estaba vivo. Pero esa felicidad me duró muy poco. Ya que delante de mí estaba un zombi horrible y este me sonreía. De la impresión grité. Pero mi cerebro lo reconoció como mi hijo, de hecho llevaba la misma ropa de mi amado Freddy.





— Papá… papá… ¿Qué pasa?
— ¡Tengo que asesinarte! Aléjate de mi… no permitiré que me comas o me asesines… tú ya no eres mi hijo.
— ¿Qué cosas dices papá? ¡Soy yo! Vamos arriba ya es tarde — el zombi empezó a caminar hacia mí.
¿Qué cosas dice este zombi? ¿Qué no vamos arriba? Pero si ya esta casa no es segura, debemos irnos de aquí. Mejor dicho debo irme de aquí, la verdad es que no tengo corazón para asesinar a mi propio hijo.
— ¡Papá levántate de una jodida vez!— gritó mi hijo y el hecho me hizo despertar.

Mierda todo fue un sueño. Me había quedado dormido en el sofá de la sala. Mi hijo me miraba sonriente, con cara burlona, se veía muy divertido.
— Oye papá, ver the walking dead antes de dormir, no es una buena idea, a ver si maduras.
Al escucharlo solté una carcajada.
— Dios santo, tienes toda la razón. Esa pesadilla me ha hecho amar un poco más nuestra realidad.
— ¡Viejo tenias que ser! Eres muy aburrido. Aquí estoy yo frustrado, me quedé con mi pequeña hacha y unos cuantos cuchillos esperando a que el jodido fin de mundo se diera, como según explicaban… aunque obviamente solo estoy preparado para el apocalipsis zombi.
Cuando escuché eso, recordé la pesadilla aterrado. Freddy soltó una carcajada a todo pulmón, al ver mi reacción.
— ¡Mentira papá! Solo te estoy tomando el pelo. Digamos que hablas muy fuerte cuando duermes y bueno tu pesadilla de hoy fue influenciada por sus comentarios.
— ¡Definitivamente nada de zombis de ahora en adelante por las noches!— susurré levantándome para ir a mi cuarto a intentar descansar.
FIN. 




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