Federico vivía, en un apartamento con su amiga Karla. Ante los ojos de la familia de Federico, Karla y él solo compartían el departamento... nadie podía comprobar otra cosa. Un día, Federico invita a su madre a cenar una noche a su departamento de soltero. Durante la cena la madre no pudo quitar su atención en lo hermosa que era Karla, la compañera de apartamento de su hijo. se pregunto si estarían acostándose. Leyendo a su madre el pensamiento Federico le dijo: - Mamá, se lo que estas pensando, pero te aseguro que Karla y yo solo somos compañeros de apartamento. Aproximadamente una semana después, Karla le comento a Federico que desde el día en que su madre vino a cenar, no encontraba el cucharón grande de plata para servir las salsas. Federico contesto que, conociendo a su madre, le escribiría una nota y que la dejaria en un lugar visible en la casa de ella... Así que se sentó y escribió: Querida Mamá, no estoy diciendo que tu tomaste el cucharón de plata de servir salsas pero tampoco estoy diciendo que no lo hicieras, pero el hecho es que este ha desaparecido desde que tu viniste a cenar a mi departamento. Con todo cariño Federico. Unos días mas tarde, sobre su escritorio Federico encontró una nota de su madre que decía: Querido hijo, no estoy diciendo que te acuestes con Karla o que no te acuestes con ella, pero el hecho es que si Karla se acostara en su propia cama, ya habría encontrado el cucharón de plata para servir salsas, que yo puse bajo sus sabanas. Con todo cariño, Tu Mamá. MORALEJA: A LA MAMÁ NO LA ENGAÑA NI EL P....!!! Y YO DIGO QUE ESO ES CIERTO JAJAJAJA |
Mi nombre es Elisabeth Ortega, soy fotógrafa profesional y gorda de nacimiento. Hoy en día, para hacerlo más bonito, nos llaman chicas curvy, pero soy realista; dentro de esta sociedad soy gorda, sin embargo, realmente lo que tengo más gordo son el culo y las tetas. Me considero una chica sexy, rompedora, aunque me ha costado mucho llegar a quererme tal y como soy. No siempre fui atrevida, al contrario, me preocupaba demasiado por mi aspecto, y llegué a hacer cosas de las que me arrepiento y cuento en este Diario de una FatGirl. Dejé de creer en el amor. Para mí, los hombres eran de usar y tirar, porque, sí —por mucho que os alucine—, las gordas también follamos. Todavía hay a hombres a los que las curvas les pierden, y ahí es donde entra Patrick —o Patricio para los amigos—. Era un capullo, alguien que sabía que no me convenía y con el que daba por hecho que no podría tener un futuro, pero estaba demasiado bueno para que mis hormonas no reaccionaran ante su presencia y sus ojazo...
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