Los padres de Ashley se han separado una temporada a causa de los problemas que su madre tiene con el alcohol. Ahora, seis meses después, viaja con su madre desde Boston, a la casa del lago donde vive su padre, en una pequeña ciudad llamada Wild Valley. Al llegar descubren que su padre ha cambiado. En realidad demasiado. Lo que antes fue un padre modelo para Ashley, es ahora todo lo contrario: frío y distante. ¿Por qué? Tras este escenario como fondo, Ashley ve un cuadro que hay en la casa del lago, en el que aparece una hermosa joven. Tras sufrir unas extrañas sacudidas, se obsesiona con él y empieza a investigar. Pronto comprueba que los extraños cambios de su padre están ligados al pasado de ese inquietante retrato... un pasado diabólico. Pero Ashley sólo tiene dieciséis años, ¿qué puede hacer una joven ante el desafío? Necesita conocer a alguien...
Mi nombre es Elisabeth Ortega, soy fotógrafa profesional y gorda de nacimiento. Hoy en día, para hacerlo más bonito, nos llaman chicas curvy, pero soy realista; dentro de esta sociedad soy gorda, sin embargo, realmente lo que tengo más gordo son el culo y las tetas. Me considero una chica sexy, rompedora, aunque me ha costado mucho llegar a quererme tal y como soy. No siempre fui atrevida, al contrario, me preocupaba demasiado por mi aspecto, y llegué a hacer cosas de las que me arrepiento y cuento en este Diario de una FatGirl. Dejé de creer en el amor. Para mí, los hombres eran de usar y tirar, porque, sí —por mucho que os alucine—, las gordas también follamos. Todavía hay a hombres a los que las curvas les pierden, y ahí es donde entra Patrick —o Patricio para los amigos—. Era un capullo, alguien que sabía que no me convenía y con el que daba por hecho que no podría tener un futuro, pero estaba demasiado bueno para que mis hormonas no reaccionaran ante su presencia y sus ojazo...
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