Sergio, es un chico estudioso que acude cada día al instituto para cumplir con su deber como alumno. Que a pesar de ser un poco despistado, sale siempre del paso gracias a la ayuda que le ofrecen los rotuladores que habitan en su estuche a modo de duendes de la noche. Sin saberlo, y gracias a esta situación llega a conocer al macarra de clase al cual, después de pasar un par de tardes con él se dará cuenta de que no es tan malo como todos piensan y que también, tiene su corazoncito. Sergio intentará cambiarlo y convertirlo en un modelo a seguir aunque a ninguno de los compañeros de estos dos, les haga ninguna gracia.
Mi nombre es Elisabeth Ortega, soy fotógrafa profesional y gorda de nacimiento. Hoy en día, para hacerlo más bonito, nos llaman chicas curvy, pero soy realista; dentro de esta sociedad soy gorda, sin embargo, realmente lo que tengo más gordo son el culo y las tetas. Me considero una chica sexy, rompedora, aunque me ha costado mucho llegar a quererme tal y como soy. No siempre fui atrevida, al contrario, me preocupaba demasiado por mi aspecto, y llegué a hacer cosas de las que me arrepiento y cuento en este Diario de una FatGirl. Dejé de creer en el amor. Para mí, los hombres eran de usar y tirar, porque, sí —por mucho que os alucine—, las gordas también follamos. Todavía hay a hombres a los que las curvas les pierden, y ahí es donde entra Patrick —o Patricio para los amigos—. Era un capullo, alguien que sabía que no me convenía y con el que daba por hecho que no podría tener un futuro, pero estaba demasiado bueno para que mis hormonas no reaccionaran ante su presencia y sus ojazo...
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