Randall es hijo de uno de los hombres más ricos, si no el más, de Manchester: Connor Bennet, amo y señor de Bennet & Son, la fábrica textil más grande de la ciudad. Al no tener hermanos, Randall será quien herede la cuantiosa fortuna familiar, pero su padre está preocupado porque a los treinta años aún no sienta cabeza. Él teme que al morir, terminará por dilapidar todos los ingresos en los prostíbulos y mesas de juego de la ciudad. Por esta razón casi todos los días tienen la misma discusión a la hora del desayuno: debe casarse y darle nietos para asegurar que la empresa no desaparezca en cuanto él se haya marchado de este mundo. Randall, cansado de los sermones, decide salir del paso lo más rápido posible, y sin tener que sacrificar su vida licenciosa.
Mi nombre es Elisabeth Ortega, soy fotógrafa profesional y gorda de nacimiento. Hoy en día, para hacerlo más bonito, nos llaman chicas curvy, pero soy realista; dentro de esta sociedad soy gorda, sin embargo, realmente lo que tengo más gordo son el culo y las tetas. Me considero una chica sexy, rompedora, aunque me ha costado mucho llegar a quererme tal y como soy. No siempre fui atrevida, al contrario, me preocupaba demasiado por mi aspecto, y llegué a hacer cosas de las que me arrepiento y cuento en este Diario de una FatGirl. Dejé de creer en el amor. Para mí, los hombres eran de usar y tirar, porque, sí —por mucho que os alucine—, las gordas también follamos. Todavía hay a hombres a los que las curvas les pierden, y ahí es donde entra Patrick —o Patricio para los amigos—. Era un capullo, alguien que sabía que no me convenía y con el que daba por hecho que no podría tener un futuro, pero estaba demasiado bueno para que mis hormonas no reaccionaran ante su presencia y sus ojazo...
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