Siete narraciones en la que la esperanza se termina una página antes de iniciar el texto. El autor de Amores de segunda mano y El seductor de la patria nos introduce a diferentes atmósferas: la realización de programas televisivos, países africanos, oficinas, ciudades sacadas de un futuro gobernado por un sistema totalitario. Nos presenta a actores de televisión que no saben qué hacer con sus larguísimas vacaciones pagadas y terminan atacándose, escritoras que descubren la enorme puesta en escena que significa la obra de los escritores, de los tesoros vivientes, el clásico “en mi boleta sólo hay dieces, muéranse de la envidia” tan despreciado y solitario en las instituciones educativas, la mujer dueña de su cuerpo, el travesti que no lo es, directores de cine venidos a menos.
Mi nombre es Elisabeth Ortega, soy fotógrafa profesional y gorda de nacimiento. Hoy en día, para hacerlo más bonito, nos llaman chicas curvy, pero soy realista; dentro de esta sociedad soy gorda, sin embargo, realmente lo que tengo más gordo son el culo y las tetas. Me considero una chica sexy, rompedora, aunque me ha costado mucho llegar a quererme tal y como soy. No siempre fui atrevida, al contrario, me preocupaba demasiado por mi aspecto, y llegué a hacer cosas de las que me arrepiento y cuento en este Diario de una FatGirl. Dejé de creer en el amor. Para mí, los hombres eran de usar y tirar, porque, sí —por mucho que os alucine—, las gordas también follamos. Todavía hay a hombres a los que las curvas les pierden, y ahí es donde entra Patrick —o Patricio para los amigos—. Era un capullo, alguien que sabía que no me convenía y con el que daba por hecho que no podría tener un futuro, pero estaba demasiado bueno para que mis hormonas no reaccionaran ante su presencia y sus ojazo...
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