Un testimonio sobre el mundo de las drogas entre los adolescentes. Para los que leen este libro resultan perturbadoras la facilidad con la que se puede entrar en él y la soledad que encuentra aquel joven que, en su desesperada búsqueda de aceptación, cae una y otra vez en ese seductor abismo. Publicado por primera vez en 1971, este diario relata parte de la vida de Alicia, una joven como cualquiera, que a sus quince años se ha iniciado en el consumo de drogas en una fiesta. Este diario será para ella un refugio cuando todo parezca perdido, pues en no más de dos años veremos cómo ella se levanta y vuelve a caer en la drogadicción, presa de las presiones de otros chicos drogadictos, y la incapacidad de comunicarse con su familia. Un libro no solo recomendable para los adolescentes sino también para sus padres, y cuya lectura más que ofrecer una respuesta dejará en nuestro interior muchas preguntas por resolver.
Mi nombre es Elisabeth Ortega, soy fotógrafa profesional y gorda de nacimiento. Hoy en día, para hacerlo más bonito, nos llaman chicas curvy, pero soy realista; dentro de esta sociedad soy gorda, sin embargo, realmente lo que tengo más gordo son el culo y las tetas. Me considero una chica sexy, rompedora, aunque me ha costado mucho llegar a quererme tal y como soy. No siempre fui atrevida, al contrario, me preocupaba demasiado por mi aspecto, y llegué a hacer cosas de las que me arrepiento y cuento en este Diario de una FatGirl. Dejé de creer en el amor. Para mí, los hombres eran de usar y tirar, porque, sí —por mucho que os alucine—, las gordas también follamos. Todavía hay a hombres a los que las curvas les pierden, y ahí es donde entra Patrick —o Patricio para los amigos—. Era un capullo, alguien que sabía que no me convenía y con el que daba por hecho que no podría tener un futuro, pero estaba demasiado bueno para que mis hormonas no reaccionaran ante su presencia y sus ojazo...
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