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Cuentos para morir leyendo de Gusmar Sosa y Richard Sabogal

by - julio 26, 2018



Sabogal y Sosa nos presentan sus “Cuentos para Morir Leyendo” caracterizados, además, por el suspenso, el miedo, la inseguridad, el misterio, donde el lector se preguntará, mientras avanza en sus páginas “¿Esto es fantasía o realidad?” Cómo se lo preguntó Nine Melvin cada vez que despertaba en un lugar distinto, viviendo situaciones que rebasaban su cordura, esperando que todo fuera eso, una fantasía que le jugaba su mente… un sueño: “Sobresaltado, despertó y se tocó la frente donde había recibido el golpe. Estaba en su cama, a su lado una hermosa mujer dormía semidesnuda. No tenía idea de qué ocurría. Aún aturdido caminó por la casa, cortinas rojas ondeaban al ritmo del caprichoso viento”… “Despertó en una camilla, no era la misma donde lo tenía Jill, otras camillas lo acompañaban, llenas de muertos, algunos desnudos, muchos con etiquetas en el dedo gordo, él traía traje, zapatos, se sentía limpio”.

Es imposible no sentir la desesperación que vive Nine Melvin a medida que se avanza en la lectura, es descubrirse sin respirar por fracciones de segundos. Pero, los sueños de Nine no se parecen en nada a los de Carlos Meléndez, quien, desde niño soñaba con ser escritor, inspirado por un padre ausente cuya única, y más valiosa herencia, fueron unos manuscritos que cambiarían su vida: “Cuando ya lo había conceptualizado así, encontró algunas carpetas azotadas por la humedad y el tiempo. Leyó uno por uno los manuscritos, memorizó algunos párrafos. Sus ojos brillaban cada vez que se escondía en el rincón de lectura del “cuarto de chécheres” y apuntaban las páginas escritas a mano por su padre.” Sin duda, esta es una de las historias que demandará más la atención del lector pues su narración se desarrolla entre el pasado y el presente, la ilusión y la realidad, la perseverancia y la angustia: “Mientras la madrugada avanzaba hacía un balance de sus años. Se reconoció solitario y silencioso, le gustaba su carácter y su vida. Se sentía orgulloso de ser un ermitaño urbano. Se sentía un personaje de los cuentos de su padre. Le gustaban esos personajes, oscuros, con conflictos internos pero con la esperanza reflejada en sus esfuerzos.”

Ocho historias, con la muerte como testigo y protagonista y con una realidad que supera cualquier ficción


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