Corre el año 1956. Charlotte y Pilar coinciden en un transatlántico que parte desde España hacia Sudamérica. Ambas sufren el desarraigo forzoso, pues no tienen otra salida. Charlotte ha cometido un grave error, que deberá pagar accediendo a casarse con Christopher Davies, un joven ginecólogo a quien no conoce. Pilar, por su parte, es una carga para su madre viuda, por lo que deberá someterse a la voluntad de su familia y atravesar el Atlántico para trabajar con unos parientes.Cuando llegan a puerto, se separan, pero un terrible suceso sacude la vida de Pilar, y el destino juega sus cartas para reunirlas en La Tentación, finca en la que Charlotte convive con su flamante marido.Allí confluirán esos tres seres, unidos por la pasión y la tragedia. Christopher se convierte en el eje de un lujurioso triángulo, en el que probar el fruto prohibido se torna una obsesión. Los placeres de la carne son tentadores, y también el embrujo del amor, pero todo cambia cuando los celos y la locura se hacen presentes, y el odio se vuelve tan intenso como antes lo fue la pasión.Se han atrevido a transgredir los límites del pecado… y ahora deberán pagar un alto precio por ello.
Mi nombre es Elisabeth Ortega, soy fotógrafa profesional y gorda de nacimiento. Hoy en día, para hacerlo más bonito, nos llaman chicas curvy, pero soy realista; dentro de esta sociedad soy gorda, sin embargo, realmente lo que tengo más gordo son el culo y las tetas. Me considero una chica sexy, rompedora, aunque me ha costado mucho llegar a quererme tal y como soy. No siempre fui atrevida, al contrario, me preocupaba demasiado por mi aspecto, y llegué a hacer cosas de las que me arrepiento y cuento en este Diario de una FatGirl. Dejé de creer en el amor. Para mí, los hombres eran de usar y tirar, porque, sí —por mucho que os alucine—, las gordas también follamos. Todavía hay a hombres a los que las curvas les pierden, y ahí es donde entra Patrick —o Patricio para los amigos—. Era un capullo, alguien que sabía que no me convenía y con el que daba por hecho que no podría tener un futuro, pero estaba demasiado bueno para que mis hormonas no reaccionaran ante su presencia y sus ojazo...
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